Admito que en mi recorrida mediática me gusta leer un diario como Página/12 que, más allá de su actual composición accionaria o sumisa lealtad al gobierno, siga manteniendo un contrato de lectura más arriesgado, donde abunda el ingenio y la retórica. Ahora bien, este estilo particular no exime a los periodistas o filósofos de turno de exponer su opinión por medio de por lo menos un argumento de peso. Sinceramente decir que Filmus perdió porque su apellido no rima con nada y porque tiene una demasiado tierna cara de oso sólo puede generar risa. Criticar a Macri por medio de una construcción infantil y retrógrada de un demonio que parece la reencarnación de Hitler en Buenos Aires, sinceramente es un insulto para sus lectores.
El pensamiento polarizado sólo nos hace más acríticos y susceptibles de ser manipulados. Es el sistema de pensamiento de los tantos que reenviaron mails con imitaciones de la campaña gráfica de Pro donde se leía por ejemplo que Macri había votado en contra de la Ley de Salud reproductiva, sancionada parcialmente en Diputados en 2001, 4 años antes de que Macri asumiera como Diputado. Como votante "mental", porque no estaba en los padrones, de Macri considero que hice lo correcto. Si bien hay cosas con las que no coincido, creo que tiene la capacidad y autonomía política como para hacer una gestión eficiente que revierta el déficit generado por Telerman y destine más racionalmente el presupuesto de la ciudad a mejorar toda la estructura pública. Es difícil ver más allá de diferencias sin duda ideológicas (aunque esto sea más complejo que izquierdas y derechas), como por ejemplo la oposición a la legalización del aborto (yo estoy a favor), pero por suerte estamos en una democracia que permite que estas diferencias estén igualmente representadas en la Legislatura y en la participación ciudadana.
lunes, 25 de junio de 2007
Las elecciones porteñas en Página/12
El paísLunes, 25 de Junio de 2007
OPINION
La construcción de la derrota
Por José Pablo Feinmann
Tratando de repasar los diversos factores del triunfo que posibilita al nuevo Alcalde de la Ciudad posesionarse de su territorio, vigilarlo y controlarlo habrá que llevar a primer plano algunos factores.
Primero) El factor autodestructivo. Esto le corresponde al filmusismo, el que desde su nombre se revela imposible para la política. Si se analizan los nombres de los políticos exitosos en el país se verá que el apellido de todos posibilitó una transformación del mismo en concepto político. O sirvió para armar consignas militantes. El grado más alto de esto fue “Perón”. Todo rima con “Perón”. No hay consigna que no se pueda hacer con Perón. O casi. Pero “ón” permite infinitas rimas; “us” (para colmo: sin acento), casi ninguna, o exiguas en extremo. “Peronismo” suena formidable. “Menemismo”, ni hablar. Hasta “kirchnerismo” se impuso y también ayudó a eso la mano decidida del jefe de la corriente. No bien uno escribe “filmusismo” sabe que la cosa no va. Esto significa –tomado desde un ángulo lateral– que el candidato elegido (una buena persona, un buen muchacho universitario) no podía nuclear a un electorado. No tenía algo esencial para hacerlo: ni el nombre ni el carisma. Desde que los afiches de Filmus aparecieron por Buenos Aires uno entendió que perdía. Miraba con expresión de osito tierno. Había demasiada ternura en ese rostro. Y esto no es –para nada, en absoluto– lo que busca el votante porteño. Tal vez Filmus no entienda que estoy hablando bien de él. Tal vez vuelva a decir algún desatino en mi contra. Y si digo esto es porque Filmus yerra en la elección del enemigo. Que me haya criticado porque infirió que yo dije que la clase media es fascista resulta, cuanto menos, elegir un blanco errado. Eso salió en la tapa de la revista Barcelona y yo lo dije. Como dice esa revista (que, es cierto, a mí me gusta leer) la clase media, con su renovada prosperidad, recobró su nivel habitual de fascismo. Filmus dijo que él no creía eso, que la clase media no es fascista. Pura demagogia y, para ejercerla, elige a un tipo que, enterate de algo que ya sabés, Filmus, votó por él las dos veces. Pero si cuento esto es porque expresa el error en los blancos elegidos. Filmus y el kirchnerismo que lo creó equivocaron el enemigo principal. Error insuperable en política, error fatal, del que no se vuelve porque mata. ¿Por qué eligieron a Telerman como enemigo principal? En un restorán, hace un tiempito, encontré a un gran tipo. Siempre le hago la misma broma: “Largá la política y seguí escribiendo que, eso sí, lo hacés bien”. Sabe, sin duda, hacer política pero yo lo prefiero escribiendo porque es un tipo talentoso, ya escribió un montón de buenos libros y planea una revisión novelada de El Conde de Montecristo que, algún día, me gustaría leer. Para decirme que no, que no podía escribir, él, que es, insisto, muy inteligente, dijo: “No, hay que frenar a Telerman”. Y así fue: se dedicaron, los filmusistas (es decir, todos los bravos que estaban detrás de él, detrás de su carita de osito bueno, de tipo tierno), a pegarle a Telerman. Este fue el factor autodestructivo. Por peleas internas, por rencores más resueltos, por amores contrariados, por lealtades demasiado exigentes, por números mal sumados, por egolatría, por torpeza, por soberbia, por machismo, se enfrentaron quienes, para darle algo al pueblo (la ciudad de Buenos Aires, nada menos) se escindieron malamente, rencorosamente y le dieron la cancha libre al adversario que no valoraron, al “pibe” Macri que, según parece, perdía solo, dado que la cosa (para quienes protagonizaron esa pelea) habría de dirimirse entre Filmus y Telerman. No: entre Filmus y Telerman se construyó la derrota que dio el triunfo a Macri. ¿Por qué si Kirchner va a hablar con Macri pocos días después o al día siguiente de la elección, Filmus no pudo hablar con Telerman? Desde el interior de la política que se enceguece a sí misma habrá mil motivos para esto. Pero desde la óptica de los votantes sólo hay bronca. Ustedes se pelean y ahora nosotros lo tenemos a Macri y tenemos, también, una sensación desagradable, casi una angustia que nos carcome nuestra carcomida alma: vamos a tener que andar con la cédula de identidad entre los dientes.
El factor París se refiere a los musulmanes de Buenos Aires. Sé que no hay musulmanes en Buenos Aires. Los hay, pero no son ellos “el problema musulmán”. El “problema musulmán” que aqueja al votante-Macri son los negros, el conurbano, el Gran Buenos Aires, la periferia de ciudad dispendiosa. Si en París los musulmanes son los que invaden la ciudad-lujo, si los parisinos eligieron a Sarkozy para que se los quitara de encima, aquí, en la Reina del Plata, en nuestra ciudad-lujo, la amenaza latente, los que pueden transformarse en furiosos musulmanes parisinos son los negros, la negrada, señores. Vote a Macri y la negrada no invade Buenos Aires. Y para impedir eso hay que tener mano dura. Hay que ser hijo de don Franco y presidente de Boca. El diario El País tiene razón: Buenos Aires ha elegido como alcalde al presidente de Boca. Filmus da River. Macri es Boca. Todos sabemos qué es Boca. Boca es el equipo de la garra, de la fuerza. No es el equipo del “jogo bonito”. Es el equipo del Tano Roma. Del Tanque Rojas. Del Rata Rattin, que se sentó con los tapones embarrados en la alfombra de la reina de Inglaterra, la mismísima Helen Mirren. Ser de Boca y salir con los tapones de punta a limpiar la ciudad es lo mismo. Se votó a Macri para que les haga una plancha definitiva a los negros. Tanto a los posibles invasores de la periferia como a los que andan enroñando y afeando este jardín que es la Atenas del Plata. Fuera con los cartoneros, con los motoqueros y con los pibes de los deliverys que andan en esas bicicletas que se meten zigzagueando entre los coches y uno tiene que cuidarles la vida, porque si los aplasta “los tiene que pagar por buenos”. Con lo que hemos llegado al factor taxi. El votante de Macri es el taxista al que Radio 10 le hace el bocho todo el día. Aclaro: no todos los taxistas son así. A veces uno sube y el tipo está escuchando música clásica o Piazzolla o la Negra Sosa. Pero el tachero es un tipo que tiene una verba inflamada, que le habla a uno le guste a uno o no que alguien le hable. Uno puede apelar a la lectura y no. Le habla igual. Y dice lo que dice el factor taxi. Que hay que limpiar la ciudad. Que hay que echar o matar a todos los motoqueros, los cartoneros, a todos esos musulmanes terroristas que –apenas nos descuidemos– incendian Buenos Aires.
Volvamos al factor autodestructivo. O al factor-suicida. ¡Qué bien construyó su derrota el filmusismo! La construyó dos veces. Porque acaso debió perder una sola. Pero no: se buscó la segunda piña. Se perdió la elegancia de reconocer el triunfo claro que su adversario tuvo en la primera vuelta y salió a buscar el centro del ring en el segundo round. Paf, otra piña y lona. Y ahí va a quedar Daniel, nocaut y sin retorno. Ahora va a subir al ring el poderoso coach. Que es el verdadero adversario de Macri. Y ese es Kirchner. Que va a hablar con Macri. Porque si los que buscan la oposición republicana e institucional a Kirchner creen que en Macri van a encontrar su adalid, su Esteban Echeverría, se equivocan. Macri es peronista. Es bostero. Es hijo de don Franco. Lo tiene a Ramón Puerta, peronacho si los hay. ¡Lo tiene a Menem, señores! Menem votó por Macri. Todos lo saben. Macri es un buen pibe de las mejores fiestas de los noventa. Viene para limpiar Buenos Aires. Puede que lo haga. Pero la oposición no encontró un líder. Kirchner encontró un interlocutor. Acaso le haga en Buenos Aires un trabajo (sucio y riesgoso) que él no quiso ni quiere hacer. Kirchner va a sumar a Macri. Es imposible que Macri sume a Kirchner. Los republicanos no encontraron su hombre. Puede que los verborrágicos protagonistas del voto taxi tengan a su guardián duro y a su ciudad limpia. También los porteños fruncidos. Pero, Macri, ojo, cuidado con el trabajo de limpieza que el rencor de la ciudad blanca y de los fachos irredentos le pide: un muerto, en Buenos Aires, es un muerto. Kirchner no tiene ni uno. Ni uno en cuatro años de Gobierno. Porque no reprimió, razón por las que también, él, pierde estas elecciones: porque el pueblo de la Atenas blanca no le tiene confianza para la represión. ¿O acaso reprimió a los piqueteros? Mejor –piensan los fachos del “que los maten a todos”– se portó Duhalde. Mejor se va a portar Macri. Cuidado, Macri: sus votantes le piden limpieza y mano dura. Le están pidiendo un muerto o más. En rigor, los que haga falta. Pero (usted, al menos, tiene que saberlo) le piden, con eso, que deteriore y hasta que destruya su carrera política. Que construya su derrota. El problema es: si Macri no les da el muerto o los muertos o los violentamente expulsados que le piden, ¿a quién van a empezar a llamar?
OPINION
La construcción de la derrota
Por José Pablo Feinmann
Tratando de repasar los diversos factores del triunfo que posibilita al nuevo Alcalde de la Ciudad posesionarse de su territorio, vigilarlo y controlarlo habrá que llevar a primer plano algunos factores.
Primero) El factor autodestructivo. Esto le corresponde al filmusismo, el que desde su nombre se revela imposible para la política. Si se analizan los nombres de los políticos exitosos en el país se verá que el apellido de todos posibilitó una transformación del mismo en concepto político. O sirvió para armar consignas militantes. El grado más alto de esto fue “Perón”. Todo rima con “Perón”. No hay consigna que no se pueda hacer con Perón. O casi. Pero “ón” permite infinitas rimas; “us” (para colmo: sin acento), casi ninguna, o exiguas en extremo. “Peronismo” suena formidable. “Menemismo”, ni hablar. Hasta “kirchnerismo” se impuso y también ayudó a eso la mano decidida del jefe de la corriente. No bien uno escribe “filmusismo” sabe que la cosa no va. Esto significa –tomado desde un ángulo lateral– que el candidato elegido (una buena persona, un buen muchacho universitario) no podía nuclear a un electorado. No tenía algo esencial para hacerlo: ni el nombre ni el carisma. Desde que los afiches de Filmus aparecieron por Buenos Aires uno entendió que perdía. Miraba con expresión de osito tierno. Había demasiada ternura en ese rostro. Y esto no es –para nada, en absoluto– lo que busca el votante porteño. Tal vez Filmus no entienda que estoy hablando bien de él. Tal vez vuelva a decir algún desatino en mi contra. Y si digo esto es porque Filmus yerra en la elección del enemigo. Que me haya criticado porque infirió que yo dije que la clase media es fascista resulta, cuanto menos, elegir un blanco errado. Eso salió en la tapa de la revista Barcelona y yo lo dije. Como dice esa revista (que, es cierto, a mí me gusta leer) la clase media, con su renovada prosperidad, recobró su nivel habitual de fascismo. Filmus dijo que él no creía eso, que la clase media no es fascista. Pura demagogia y, para ejercerla, elige a un tipo que, enterate de algo que ya sabés, Filmus, votó por él las dos veces. Pero si cuento esto es porque expresa el error en los blancos elegidos. Filmus y el kirchnerismo que lo creó equivocaron el enemigo principal. Error insuperable en política, error fatal, del que no se vuelve porque mata. ¿Por qué eligieron a Telerman como enemigo principal? En un restorán, hace un tiempito, encontré a un gran tipo. Siempre le hago la misma broma: “Largá la política y seguí escribiendo que, eso sí, lo hacés bien”. Sabe, sin duda, hacer política pero yo lo prefiero escribiendo porque es un tipo talentoso, ya escribió un montón de buenos libros y planea una revisión novelada de El Conde de Montecristo que, algún día, me gustaría leer. Para decirme que no, que no podía escribir, él, que es, insisto, muy inteligente, dijo: “No, hay que frenar a Telerman”. Y así fue: se dedicaron, los filmusistas (es decir, todos los bravos que estaban detrás de él, detrás de su carita de osito bueno, de tipo tierno), a pegarle a Telerman. Este fue el factor autodestructivo. Por peleas internas, por rencores más resueltos, por amores contrariados, por lealtades demasiado exigentes, por números mal sumados, por egolatría, por torpeza, por soberbia, por machismo, se enfrentaron quienes, para darle algo al pueblo (la ciudad de Buenos Aires, nada menos) se escindieron malamente, rencorosamente y le dieron la cancha libre al adversario que no valoraron, al “pibe” Macri que, según parece, perdía solo, dado que la cosa (para quienes protagonizaron esa pelea) habría de dirimirse entre Filmus y Telerman. No: entre Filmus y Telerman se construyó la derrota que dio el triunfo a Macri. ¿Por qué si Kirchner va a hablar con Macri pocos días después o al día siguiente de la elección, Filmus no pudo hablar con Telerman? Desde el interior de la política que se enceguece a sí misma habrá mil motivos para esto. Pero desde la óptica de los votantes sólo hay bronca. Ustedes se pelean y ahora nosotros lo tenemos a Macri y tenemos, también, una sensación desagradable, casi una angustia que nos carcome nuestra carcomida alma: vamos a tener que andar con la cédula de identidad entre los dientes.
El factor París se refiere a los musulmanes de Buenos Aires. Sé que no hay musulmanes en Buenos Aires. Los hay, pero no son ellos “el problema musulmán”. El “problema musulmán” que aqueja al votante-Macri son los negros, el conurbano, el Gran Buenos Aires, la periferia de ciudad dispendiosa. Si en París los musulmanes son los que invaden la ciudad-lujo, si los parisinos eligieron a Sarkozy para que se los quitara de encima, aquí, en la Reina del Plata, en nuestra ciudad-lujo, la amenaza latente, los que pueden transformarse en furiosos musulmanes parisinos son los negros, la negrada, señores. Vote a Macri y la negrada no invade Buenos Aires. Y para impedir eso hay que tener mano dura. Hay que ser hijo de don Franco y presidente de Boca. El diario El País tiene razón: Buenos Aires ha elegido como alcalde al presidente de Boca. Filmus da River. Macri es Boca. Todos sabemos qué es Boca. Boca es el equipo de la garra, de la fuerza. No es el equipo del “jogo bonito”. Es el equipo del Tano Roma. Del Tanque Rojas. Del Rata Rattin, que se sentó con los tapones embarrados en la alfombra de la reina de Inglaterra, la mismísima Helen Mirren. Ser de Boca y salir con los tapones de punta a limpiar la ciudad es lo mismo. Se votó a Macri para que les haga una plancha definitiva a los negros. Tanto a los posibles invasores de la periferia como a los que andan enroñando y afeando este jardín que es la Atenas del Plata. Fuera con los cartoneros, con los motoqueros y con los pibes de los deliverys que andan en esas bicicletas que se meten zigzagueando entre los coches y uno tiene que cuidarles la vida, porque si los aplasta “los tiene que pagar por buenos”. Con lo que hemos llegado al factor taxi. El votante de Macri es el taxista al que Radio 10 le hace el bocho todo el día. Aclaro: no todos los taxistas son así. A veces uno sube y el tipo está escuchando música clásica o Piazzolla o la Negra Sosa. Pero el tachero es un tipo que tiene una verba inflamada, que le habla a uno le guste a uno o no que alguien le hable. Uno puede apelar a la lectura y no. Le habla igual. Y dice lo que dice el factor taxi. Que hay que limpiar la ciudad. Que hay que echar o matar a todos los motoqueros, los cartoneros, a todos esos musulmanes terroristas que –apenas nos descuidemos– incendian Buenos Aires.
Volvamos al factor autodestructivo. O al factor-suicida. ¡Qué bien construyó su derrota el filmusismo! La construyó dos veces. Porque acaso debió perder una sola. Pero no: se buscó la segunda piña. Se perdió la elegancia de reconocer el triunfo claro que su adversario tuvo en la primera vuelta y salió a buscar el centro del ring en el segundo round. Paf, otra piña y lona. Y ahí va a quedar Daniel, nocaut y sin retorno. Ahora va a subir al ring el poderoso coach. Que es el verdadero adversario de Macri. Y ese es Kirchner. Que va a hablar con Macri. Porque si los que buscan la oposición republicana e institucional a Kirchner creen que en Macri van a encontrar su adalid, su Esteban Echeverría, se equivocan. Macri es peronista. Es bostero. Es hijo de don Franco. Lo tiene a Ramón Puerta, peronacho si los hay. ¡Lo tiene a Menem, señores! Menem votó por Macri. Todos lo saben. Macri es un buen pibe de las mejores fiestas de los noventa. Viene para limpiar Buenos Aires. Puede que lo haga. Pero la oposición no encontró un líder. Kirchner encontró un interlocutor. Acaso le haga en Buenos Aires un trabajo (sucio y riesgoso) que él no quiso ni quiere hacer. Kirchner va a sumar a Macri. Es imposible que Macri sume a Kirchner. Los republicanos no encontraron su hombre. Puede que los verborrágicos protagonistas del voto taxi tengan a su guardián duro y a su ciudad limpia. También los porteños fruncidos. Pero, Macri, ojo, cuidado con el trabajo de limpieza que el rencor de la ciudad blanca y de los fachos irredentos le pide: un muerto, en Buenos Aires, es un muerto. Kirchner no tiene ni uno. Ni uno en cuatro años de Gobierno. Porque no reprimió, razón por las que también, él, pierde estas elecciones: porque el pueblo de la Atenas blanca no le tiene confianza para la represión. ¿O acaso reprimió a los piqueteros? Mejor –piensan los fachos del “que los maten a todos”– se portó Duhalde. Mejor se va a portar Macri. Cuidado, Macri: sus votantes le piden limpieza y mano dura. Le están pidiendo un muerto o más. En rigor, los que haga falta. Pero (usted, al menos, tiene que saberlo) le piden, con eso, que deteriore y hasta que destruya su carrera política. Que construya su derrota. El problema es: si Macri no les da el muerto o los muertos o los violentamente expulsados que le piden, ¿a quién van a empezar a llamar?
domingo, 24 de junio de 2007
Por si acaso Chávez tiene la culpa!
Cambiámos drásticamente de tema gente! Antes de decir que no tienen tiempo para leer los artículos sólo tómense el trabajo de mirar las imágenes que acompañan ambas notas. Extrañamente los dos diarios optaron por poner dos imágenes juntas, sólo que Clarín se limita a poner pixeladas fotografías de las usinas del puerto de Buenos Aires e Infobae construye una especie de remake del Eternauta donde Chávez sería el jefe de los "Manos" y el centro de la ciudad está amenzado por la horrenda lluvia ácida, que por el titular ya deberíamos estar viendo por la ventana. Admito que el primer mandatario venezolano no es santo de mi devoción pero si se pasean cada tanto por la página de Infobae verán que se han emperrado absurdamente con este hombre casi tanto como Pagina/12 con Blumberg.
Espero aguerridas opiniones!
Espero aguerridas opiniones!
Y aquí se viene la de Infobae sobre el mismo tema
Infobae, 24/06/07Lluvia ácida en Buenos Aires por el fuel oil de Chávez
La Defensoría del Pueblo de la Ciudad alertó por emanaciones de las dos centrales termoeléctricas que trabajan con el combustible importado de Venezuela. Advierten por graves problemas de salud
El defensor adjunto del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, Atilio Alimena, afirmó en Radio 10 que el Gobierno "no tomó recaudos" con respecto a la lluvia ácida. "La lluvia ácida comenzó en el 2004 ante la falta de combustible, el gas natural, en las centrales eléctricas, en donde argentina empezó a importar full oil desde Venezuela", explicó el funcionario. Pero el defensor adjunto agregó que nadie tuvo en cuenta que "el contenido de azufre de ese full oil es muy distinto al nuestro", lo cual generó la conocida lluvia ácida. Según Alimena "las emisiones de dióxido de azufre y dióxido nitrógeno (agentes contaminantes) pasaron de cero a 1750 miligramos por metro cúbico en los últimos 10 años". "Las consecuencias afectan las vías respiratorias, pero a partir de esto, cualquier parte del cuerpo puede resultar afectada por el ambiente viciado", destacó Alimena.
Nota Clarín sobre lluvia ácida

Clarín Digital, 24/06/07
Investigan una posible lluvia ácida por el uso de fuel oil
dgutman@clarin.com
Los costos económicos de la escasez de gas son conocidos, pero la situación también podría estar generando consecuencias ambientales, de las que se habla menos. A raíz de una denuncia de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, el Gobierno porteño intenta determinar si las dos centrales termoeléctricas de Buenos Aires están produciendo lluvia ácida, desde que cada invierno están utilizando fuel oil como combustible, en lugar de gas.Este dato no sorprende a los especialistas. "Se sabe que la quema de fuel oil contamina más que la quema de gas natural. Pero ésta es la realidad que tenemos. La primera variable de ajuste de la crisis energética es el cuidado ambiental", dijo a este diario el ex secretario de Energía, Daniel Montamat.En las últimas semanas tanto Central Puerto como Central Costanera fueron intimadas a presentar las mediciones de gases contaminantes que liberan a la atmósfera, pero la primera no lo hizo, con el argumento de que no se lo permite el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE), dijo a Clarín el ministro de Medio Ambiente porteño, Juan Manuel Velasco. "Si esto sigue así vamos a ir nosotros a controlar sus chimeneas e inspeccionar sus plantas", prometió el funcionario.La lluvia ácida, que puede corroer construcciones y estructuras, se provoca cuando la humedad del aire se mezcla con el óxido de nitrógeno y el dióxido de azufre. Justamente por su elevado contenido de azufre fue que en 2004 las centrales termoeléctricas rechazaron utilizar fuel oil venezolano y hoy el combustible que se utiliza en Argentina lo vende el gobierno de Chávez, pero lo triangula desde otros países, principalmente Brasil, cuyo fuel oil es de mejor calidad.A pesar de ello, el fuel oil que estarían utilizando las centrales termoeléctricas superaría el contenido de azufre permitido por la normativa argentina, que es el 0,5% del peso. Así lo sostiene, con base en un informe oficial, el defensor del Pueblo Adjunto, Atilio Alimena. Este comenzó la investigación en 2006, cuando vecinos de distintos barrios vieron extrañas manchas y polvillo sobre veredas y balcones e hicieron la denuncia en la Defensoría.La cuestión política también se mezcla. Es que la secretaria de Medio Ambiente de la Nación, Romina Picolotti, rechazó la denuncia y contraatacó: "Las emanaciones de las centrales termoeléctricas están dentro de los parámetros normales. Y si hay lluvia ácida sobre Buenos Aires debe ser porque el Gobierno de la Ciudad no controla como corresponde los gases de colectivos y camiones".
dgutman@clarin.com
Los costos económicos de la escasez de gas son conocidos, pero la situación también podría estar generando consecuencias ambientales, de las que se habla menos. A raíz de una denuncia de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, el Gobierno porteño intenta determinar si las dos centrales termoeléctricas de Buenos Aires están produciendo lluvia ácida, desde que cada invierno están utilizando fuel oil como combustible, en lugar de gas.Este dato no sorprende a los especialistas. "Se sabe que la quema de fuel oil contamina más que la quema de gas natural. Pero ésta es la realidad que tenemos. La primera variable de ajuste de la crisis energética es el cuidado ambiental", dijo a este diario el ex secretario de Energía, Daniel Montamat.En las últimas semanas tanto Central Puerto como Central Costanera fueron intimadas a presentar las mediciones de gases contaminantes que liberan a la atmósfera, pero la primera no lo hizo, con el argumento de que no se lo permite el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE), dijo a Clarín el ministro de Medio Ambiente porteño, Juan Manuel Velasco. "Si esto sigue así vamos a ir nosotros a controlar sus chimeneas e inspeccionar sus plantas", prometió el funcionario.La lluvia ácida, que puede corroer construcciones y estructuras, se provoca cuando la humedad del aire se mezcla con el óxido de nitrógeno y el dióxido de azufre. Justamente por su elevado contenido de azufre fue que en 2004 las centrales termoeléctricas rechazaron utilizar fuel oil venezolano y hoy el combustible que se utiliza en Argentina lo vende el gobierno de Chávez, pero lo triangula desde otros países, principalmente Brasil, cuyo fuel oil es de mejor calidad.A pesar de ello, el fuel oil que estarían utilizando las centrales termoeléctricas superaría el contenido de azufre permitido por la normativa argentina, que es el 0,5% del peso. Así lo sostiene, con base en un informe oficial, el defensor del Pueblo Adjunto, Atilio Alimena. Este comenzó la investigación en 2006, cuando vecinos de distintos barrios vieron extrañas manchas y polvillo sobre veredas y balcones e hicieron la denuncia en la Defensoría.La cuestión política también se mezcla. Es que la secretaria de Medio Ambiente de la Nación, Romina Picolotti, rechazó la denuncia y contraatacó: "Las emanaciones de las centrales termoeléctricas están dentro de los parámetros normales. Y si hay lluvia ácida sobre Buenos Aires debe ser porque el Gobierno de la Ciudad no controla como corresponde los gases de colectivos y camiones".
sábado, 23 de junio de 2007
Benedicto revolucionario
Bueno, para amenizar el inicio de nuestras charlas bloggianas les propongo esta nota de Crónica Digital. Debo confesar que es la primera vez que incursiono en la página de este diario y me sorprendió que la nota está considerablemente bien redactada, lo que deja al descubierto un injustificado prejuicio. Pero yendo a lo concreto, para mí que Ratzinger está caliente porque no puede salir de joda con su Ferrari por las calles de Roma y se desquita con los pobres ricachones! No, hablando en serio, ¿no es un poco anacrónico seguir hablando de pecado? Quizás dentro de poco no se nos permitirá comprar una Ferrari pero sí el ingreso al Paraíso, como en aquellas épocas. ¿Estará proponiendo Benedicto eliminar toda diferencia de clase e implementar el sistema comunista? Sinceramente me resulta extraño que a la máxima autoridad de una de las instituciones más jerárquicas que existen se le escape que vivimos en un sistema donde el status es un valor al que todos aspiramos, ya sea comprando una Ferrari, comentando la nueva novela de Aira o luciendo el último modelo de Nike. Si Benedicto quiere que la sociedad sea más igualitaria podría empezar por casa y cuestionarse, por ejemplo, por qué la divulgación de la palabra de Dios es potestad única de los hombres.
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